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Juventud, divino tesoro: la generación que quiso cambiarlo todo

19 ago
7 min de lectura

En el número anterior de Metamorfosis conversamos con Vera Carnovale sobre la radicalización política y la aceleración de la crisis que atravesó la Argentina durante los años setenta. En esta segunda parte de la entrevista, volvemos sobre aquel proceso para detenernos en un actor fundamental: la juventud.


Por: Richard Leguiza, estudiante de Comunicación UNSAM. 




¿Qué hizo que una generación comenzará a reconocerse como un sujeto colectivo? ¿Qué sensibilidades, valores y experiencias la llevaron a cuestionar el orden social existente y, en muchos casos, a acercarse a las organizaciones revolucionarias? Carnovale analiza la rebeldía, la emancipación, la violencia, la esperanza y los vínculos que dieron forma a una generación atravesada por la voluntad de transformar el mundo.


Revista Metamorfosis: Volviendo al análisis de la radicalización política y la aceleración de la crisis en los años setenta, me gustaría profundizar en un tema que investigas mucho: la juventud… 


¿Qué papel jugaron los jóvenes en este proceso histórico y cuál es tu lectura al respecto?


Vera Carnovale: Fue protagonista también. Fue un actor clave, te diría. Si yo tuviera que decir cuáles son los dos actores clave —que por ahí se entrecruzan, pero que a los fines analíticos vale la pena diferenciar— son la juventud y el movimiento obrero organizado. Y de ambos sectores, digamos, las organizaciones armadas como parte de ese bloque.


La juventud, yo te diría que comienza a definirse como un espacio, como una identidad propia. Cuando escuchás hablar a gente que fue joven en los 60 o en los 70, te vuelve a hablar de un "nosotros". Y por ahí ese nosotros incluye al revolucionario peronista, al revolucionario marxista, al hippie, al rockero, a ese mundillo de contestación social, política y cultural. Y esto es algo que está pasando no solamente en la Argentina y en los 60, está pasando principalmente en el mundo.


Tras la Segunda Guerra Mundial y el baby boom (el boom de natalidad), se configura una generación cuyas expectativas vitales no pueden desplegarse en las condiciones estructurales y políticas del capitalismo, tal como queda configurado a mediados de la década del 60. Curiosamente, por otra parte, pero es así. Entonces, ese desgaste que parece tener el Estado de Bienestar a finales de la década del 60 tiene como primer síntoma la constitución de esta juventud que viene a cuestionar todos los valores políticos y culturales que hasta ese momento habían sido hegemónicos en Occidente.

Entonces, si uno tuviera que elegir las palabras que caracterizan a esto son: la irreverencia, la idea de vanguardia, la idea de emancipación y la idea de libertad. 


Esto abarca todos los niveles y todas las dimensiones de la vida joven. La juventud pasa a ser un estadio en sí mismo. Si hasta ese momento el paso del pantalón corto al pantalón largo representaba el paso directo de la niñez a la adultez, ahora hay un período en el medio, un in-between, que es la juventud. Y la juventud aparece como una identidad en sí misma. ¿Andá a saber qué es lo que nos junta a nosotros, a estos jóvenes? La contestación al orden social y cultural existente.


Entonces, hay una nueva oleada feminista, porque la expansión de las pastillas anticonceptivas permite prácticas sexuales más libres para las mujeres, porque tienen efectivamente el control sobre su cuerpo y su sexualidad. Los varones comienzan a cuestionar este mandato de masculinidad inserto en un mundo capitalista que implica el ascenso social paulatino. La figura paradigmática que se cuestiona es la del oficinista —acá en la Argentina asociado al consumismo—. Esa idea de: "bueno, yo ahora trabajo acá, el año que viene asciendo, entonces cambio el Fitito por un auto más grande y después voy a seguir ascendiendo". Ese esquema de vida pautado, organizado, burocratizado, disciplinado, es lo que van a cuestionar.


Y lo cuestionan de muchas maneras. Aparece el hippie, aparece el rockero... Por supuesto que vas a tener una variedad enorme de perfiles culturales que definen a esta juventud de los 60, pero lo que tienen en común es la contestación a todos los valores culturales, políticos y sociales que hasta ese momento habían sido comunes en Occidente. El amor libre va a ser una bandera y la lucha contra el autoritarismo va a ser otra, eso es algo que los atraviesa a todos.


Para que tengas una idea de las diferencias de voluntades morales y culturales que se estaban enfrentando: mientras a estos jóvenes se les alargaba el pelo, empezaban las primeras bandas de rock, el porro empezaba a circular más naturalmente o las experiencias con ácido lisérgico, el amor libre y la rebeldía con los padres... mientras todo esto sucedía, el jefe de la Policía Federal entraba a los albergues transitorios (lo que nosotros llamamos "telos") para constatar el estado civil de las personas que se encontraban allí. Sin sorpresa, te imaginarás que no eran todos casados, al menos no todos casados entre sí. También estaban las razias durante la dictadura de Onganía en boliches y recitales, la detención de varones y el corte de pelo forzado en las comisarías. En fin, hay un combate entre modelos culturales deseables y, del lado contestatario y rebelde, está la juventud. De modo que la juventud puede erigirse como el actor más rebelde de la época.


Muchos de estos jóvenes —no todos— van a ingresar a las organizaciones revolucionarias armadas. Y ahí se van a encontrar con otros valores impuestos: no hay drogas, no hay amor libre, no hay rebeldía. Hay disciplina. La revolución no se hace "de la cabeza" ni las casas operativas pueden ser lugares de fiesta. Hay disciplina partidaria. Pero sí es cierto que ese pasaje va a parecer para muchos como un pasaje natural, y estas organizaciones se van a nutrir en buena medida de ellos. Y van a ser quienes abulten las listas de detenidos desaparecidos años más tarde.


Revista Metamorfosis: En uno de tus ensayos hablabas de que es difícil explicar los años 70 sin entender el "tejido sensible", el mundo de la sensibilidad y las identidades colectivas que movilizan a la propia juventud. 

Quería preguntarte qué significa esto, o cuáles son esos tejidos de sensibilidad de los que hablabas anteriormente (la idea contestataria, la rebeldía). 

¿Podrías profundizar un poco más en ese sentido?


Vera Carnovale: Sí, mirá. Justo ahora tengo que entregar un paper sobre esto y resulta un poco difícil sintetizarlo. Pero lo que sí te puedo decir es que cualquiera que se acerca a estudiar los 70 sabe que hay algo que vos, que sos militante, lo vas a poder captar rápidamente, porque tiene que ver con una sensibilidad propia del mundo militante.

¿Cómo se conforma esa sensibilidad? Hablo de "sensibilidad" porque no es un código cerrado de conducta, no tiene límites precisos; tiene la plasticidad que permite hacia afuera generar empatías y hacia adentro cerrar lazos. Vos podés ser peronista, yo puedo ser marxista, pero formamos parte de ese movimiento contestatario.


¿Cuáles son los sentimientos o las emociones que nutren eso? En principio, una identificación casi inmediata, casi corporal, primaria u original con la causa universal de los oprimidos. Ahí hay un tejido empático con los inundados, con lo que pasa en África... un hacerse cargo de lo que se percibe como una causa universal de los oprimidos.


En segundo lugar, en esa identificación puedo reconocer dos sentimientos o emociones asociadas. Por un lado, el sufrimiento por las condiciones de vida y la explotación de esos oprimidos. Y en segundo lugar —me animaría a decir que quizás sea el primero—, esa sensibilidad se hace eco de la violencia y de la represión ejercida contra ellos. Estos oprimidos no son solo gente que tiene hambre: son a los que cagan a palos acá y allá. Son los que matan.


¿Qué dice el Che Guevara cuando afirma que cualquier revolucionario no puede dejar de conmoverse cuando asesinan a un hombre en cualquier parte del mundo? ¿Qué dice Frantz Fanon? En este Tercer Mundo, a los condenados de la tierra ¿cómo se les responde? Con el asesinato y la violencia. 


Entonces, ahí está esta identificación con los pobres: es una identificación que se hace cargo no solo de su sufrimiento material, sino sobre todo de la memoria de la represión ejercida sobre ellos.


Y lo que les están diciendo es: en el humanismo del cual hablan (el europeo u occidental), no hay lugar para los oprimidos del Tercer Mundo. Entonces proponemos un humanismo radical. ¿Y cuál es ese humanismo radical? Que para emancipar, para liberar a ese oprimido, es necesario el ejercicio de una violencia. Una violencia liberadora. Luego tenemos otro montón de sentimientos, pero creo que esos son fundamentales. Y luego, cierta disposición sacrificial que viene vía el Che Guevara, vía el cristianismo, pero que es un sacrificio redentor. Es un sacrificio festivo, porque hay un advenimiento de una nueva era y somos protagonistas de esa nueva historia. Estas son algunas de las claves que pueden definir esta sensibilidad revolucionaria.


Y te agrego una cosa: nadie entra a una organización política leyendo y comparando los programas partidarios. No, totalmente. Eso no sucede. Entrás por otra cosa. Esa "otra cosa" tiene que ver con este mundo sensible, con las redes... Nadie decide ser revolucionario por el programa. Hay un intelectual argentino muy famoso que dice: "Yo no me hice marxista porque había leído a Marx; leí a Marx porque me había hecho marxista". Entonces, esta identificación primaria es una identificación sensible, no ideológica.


Revista Metamorfosis: Para cerrar, me gustaría pedirte una reflexión personal. Siendo doctora en Historia y especialista en esta etapa, ¿por qué te parece central seguir hablando de los años 70 hoy, especialmente ahora que se cumplen 50 años del golpe?


Vera Carnovale: No sé si puedo dar una respuesta muy seria. Te puedo decir que a mí me gusta y me interesa el universo de la revolución en sí, sobre todo porque es un universo de esperanza. La esperanza es otro elemento propio de la sensibilidad revolucionaria. La revolución fue una figura histórica en el siglo XX que ofreció una esperanza colectiva y atenta al lazo social.


No sé si hurgando allá se pueden encontrar respuestas para todo, pero sí puedo identificar en ese proceso prácticas, ideas, nociones y afectos políticos. Algunos sé que no nos llevaron a buen puerto, y otros me parecen fundamentales para reconstruir el tejido social y reconstruir esperanzas colectivas. Mucho más que eso no te puedo decir.


Más allá de lo evidente que, como historiadora, te voy a decir. Mi hija me dice: "Lo que es tener una mamá historiadora... Mamá, ¿por qué esto es así? Porque en 1800...". Yo no lo quiero decir así, pero es cierto que hay una trama, una larga trama que confluye en los contextos actuales. Cuando yo terminé la carrera, me acuerdo de que lo que sentía era que estudiando historia podía entender todo. Tenía esa idea: estudiando historia se puede entender todo. Y algo de eso hay, me parece.





 
 
 

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