[2026 - 5] Entrevista a Vera Carnovale, parte I
- Redacción metamorfosis

- 19 mar
- 13 Min. de lectura
Actualizado: hace 4 días
Por Richard Leguiza- Estudiante de Comunicación UNSAM.
Publicamos esta entrevista como parte de un debate abierto sobre la interpretación de los años setenta. Este número busca poner en discusión distintas miradas sobre el período, atendiendo a sus complejidades y a los debates en torno al papel de la militancia política, la insurgencia obrera y la lucha de clases. Te invitamos a leer el conjunto de artículos, incluyendo nuestra elaboración sobre el PSEC, disponible en Tesis 11.
Compartimos la primera parte de la entrevista a Vera Carnovale, docente de UNSAM, doctora en historia por la UBA. Especializada en el estudio de la historia reciente, autora de “Los Combatientes. Historia del Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo”, publicó numerosos artículos en libros y revistas del país y del exterior y dictó seminarios de posgrado en distintas universidades, a propósito del 24 de marzo, fecha en la que se cumplen 50 años del golpe de estado de 1976, conversamos sobre los ‘70, los antecedentes al golpe, el rol del peronismo y el papel de la juventud en este periodo.

Parte I
Revista Metamorfosis: Se cumplen 50 años del golpe de Estado genocida. Para ponernos en contexto sobre cuáles fueron los antecedentes. La dictadura no empezó de la nada, se dio en el marco de un momento histórico particular: un ascenso obrero y popular muy importante, de mucha radicalización política, de violencia política, de violencia por parte del aparato estatal. Bueno, para enmarcarnos en ese contexto, ¿nos podés comentar cuál era la situación política a nivel nacional e internacional en la antesala del golpe?
Vera Carnovale: Creo que el período clave acá para entender un poco —clave aunque no autosuficiente— es el período que definió las tramas que condujeron finalmente al golpe: es el período que va del 73 al 76. Yo diría que es el período más complejo desde el punto de vista histórico por la cantidad de conflictos que se superponen en ese escenario
.
Por un lado, el año 73 es un año clave que se inaugura con el levantamiento de la proscripción del peronismo en las elecciones del 11 de marzo del 73, donde el peronismo gana casi con el 50% de los votos. Esto significó el retorno del peronismo al poder después de 18 años de proscripción. Entonces, uno podría decir que en principio es un momento de mucha algarabía popular, de mucha felicidad y de mucha esperanza, principalmente para los sectores peronistas y los sectores populares.
Al ser proscripto el peronismo, no solamente fue una proscripción política, sino que desde el 55 en adelante se implementaron políticas económicas que de alguna manera revertían los beneficios que habían tenido los sectores obreros y trabajadores en los años anteriores. Los sectores populares fueron muy golpeados; el movimiento obrero fue muy golpeado desde el 55 en adelante.
Finalmente, fue un momento de mucha expectativa —más que esperanza diría yo— por el retorno de Perón a la Argentina. Recordemos que cuando se convocan elecciones a fines del 72, el plan del gobierno dictatorial encabezado por Lanusse era llamar a elecciones para aplacar un poco la ingobernabilidad producto de la movilización de masas que desde el Cordobazo, en 1969, venía gravitando y determinando la escena política. Pero esto encontraba fuertes resistencias dentro de las Fuerzas Armadas y en otros sectores civiles: el retorno de Perón al gobierno. De modo que se inventó una cláusula sobre la hora, que se llamó la "cláusula de residencia", que indicaba que el peronismo podía presentarse a elecciones, pero podían presentarse como candidatos todos aquellos que al momento de la emisión de la ley (1972) residieran en la Argentina. Era una cláusula dedicada a Perón: "Con amor, Alejandro Agustín Lanusse".
Entonces, la fórmula fue Cámpora al gobierno, Perón al poder. Asume Cámpora el 25 de mayo del 73, que es una fecha que ha quedado como representativa y emblemática de la fiesta y de la alegría popular, sobre todo para los sectores de los trabajadores y para la militancia revolucionaria que es parte de esta movilización de masas, de este ciclo de protesta y movilización que se inaugura con el Cordobazo.
Ahora, esto que muchos llamaron "primavera camporista" duró mucho menos que una primavera: duró 49 días. En la fotografía del 25 de mayo de 1973 ya estaban presentes todos los conflictos que se avecinaban, porque asume efectivamente el peronismo representando al amplio abanico ideológico que lo conforma. E inmediatamente comienza a desatarse, por un lado, la lucha intestina entre la derecha peronista (alineada con la burocracia sindical y los sectores más tradicionales del peronismo) y los sectores más radicalizados hacia la izquierda del peronismo, que son relativamente nuevos en el movimiento. Ya que no estaban en ese primer peronismo del 45, sino que se fueron forjando y creciendo durante la proscripción, sobre todo a partir de mediados de la década del 60. Acá tenemos una primera fuente de conflicto: la derecha contra la izquierda peronista.
Te decía que, en todo caso, el retorno del peronismo al poder representó alegría para muchos y expectativa para muchos otros. Para estos últimos, el retorno de Perón a la Argentina era una garantía de que, por fin, él podía poner orden. Esta idea de que esta Argentina, movilizada en todos sus sectores, combativa, con altos índices de protesta, era una Argentina prácticamente ingobernable. De ahí el Gran Acuerdo Nacional: levantamos la proscripción del peronismo, convocamos elecciones, pero hay que poner orden. Esa expectativa de orden que muchos sectores populares tenían estaba depositada, en buena medida, en Perón. O sea, "esto lo puede arreglar solamente Perón", esa es la idea que aparece. De modo que Perón tenía que disciplinar al movimiento obrero, disciplinar a las organizaciones armadas, disciplinar al capital y a los empresarios.
En principio, en los primeros meses que se ven desde la asunción de Cámpora, es la explosión de todas estas expectativas. Incluso uno podría decir que el 73 es el año con mayores tomas de fábricas y movilización obrera. Porque justamente, tras todas esas expectativas acumuladas durante 18 años, llegó la hora de hacer las exigencias:
Paralelamente, el PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo), la guerrilla más importante de identidad marxista y de inspiración guevarista en la Argentina, anuncia que no va a dejar de combatir. Es una organización que surgió durante el contexto dictatorial anterior y que no va a dejar de combatir porque, en principio, dejar las armas es darle paso al enemigo y permitir que avance. En segundo lugar, porque tienen un diagnóstico que lamentablemente se mostró bastante certero: que el ascenso del peronismo al poder iba a implicar su derechización: que esta lucha intestina iba a conducir a la fascistización del gobierno. Y en tercer lugar, porque los revolucionarios tienen la mirada muy atenta en lo que pasa en el mundo.
Entonces, al tiempo que ven que Vietnam empieza a revertir la guerra contra el ejército más importante del planeta (EE.UU.), ven cómo Salvador Allende en Chile (que es el ejemplo emblemático de la vía pacífica al socialismo por medio de las elecciones) empieza a estar cada vez más acorralado por las fuerzas de las derechas, que efectivamente en septiembre del 73 van a terminar con su vida y su gobierno mediante el golpe de Estado de Pinochet. Por esto, el PRT dice: "En estas condiciones nosotros no vamos a abandonar las armas; no atacaremos a la policía, pero sí al ejército y a las empresas explotadoras".
Este es el escenario que alcanza un primer punto de quiebre cuando Perón regresa definitivamente a la Argentina. Ahí se da ese famoso enfrentamiento —que más que enfrentamiento fue un tiroteo, diría yo— en Ezeiza. Lo que podríamos llamar, a mano alzada, la derecha del sector peronista estaba encargada de la organización del acto y del palco. Como sabemos, los lugares en política son simbólicos: en todas las movilizaciones hay una negociación para ver qué fuerza ocupa qué lugar en la plaza o en el palco.
Entonces, la cercanía a Perón era una cercanía no solamente física, sino que expresaba una cercanía política: esta sería la lectura. La organización del acto quedó en manos de la derecha peronista, que juntaba elementos de la Policía Federal con los de la burocracia sindical (o mejor dicho, con los grupos de choque de la burocracia sindical), que dispararon abiertamente contra las columnas de la Juventud Peronista, dejando una cantidad de muertos que nunca terminó de esclarecerse. Este es un punto importante también como antecedente para lo que vendría después: la falta de investigación sobre estos crímenes políticos.
Ezeiza fue un desastre. Lo que había sido hasta ese momento la manifestación más grande de la historia argentina, con gente que venía de todos los puntos del país para recibir a su gran líder, terminó en masacre. Cámpora y Solano Lima renuncian a la presidencia, y asume interinamente una persona que también anticipa las cosas. Cada punto de inflexión que de acá en adelante voy a nombrar representa, a su vez, un avance de la derecha en el entramado institucional del peronismo. Quien asume cuando Cámpora renuncia es nada más y nada menos que Raúl Lastiri, yerno de José López Rega.
Ahí convocan a nuevas elecciones. Por supuesto que la fórmula de la nueva elección es Perón-Perón: Juan Domingo Perón e Isabel Perón, lo que es también una ratificación de la alianza —o al menos de la cercanía— de Perón con los sectores tradicionales del movimiento peronista y del PJ. En el interín, una figura clave de la burocracia sindical que era el secretario de la CGT, José Ignacio Rucci, fue asesinado. Montoneros mata a Rucci en septiembre del 73, días antes de las elecciones, en una decisión política —a mi entender— poco acertada. Creo que fue un paso en falso de los Montoneros. Y digo paso en falso no porque la muerte de Rucci no haya sido festejada por algunos sectores, sino porque a raíz de ello el Consejo Superior del PJ saca un documento reservado (que hoy es público) que declara la guerra a los "infiltrados marxistas"; es decir, declara la guerra a las organizaciones de la izquierda peronista. Y cuando el PJ, hegemonizado por la derecha, declara la guerra, significa muertes y asesinatos.
Esto agudiza la lucha entre la izquierda y la derecha peronista. Perón gana con el 62% de los votos y esto es un dato que hay que tener en cuenta, porque da cuenta de que Perón desde el vamos viene a disciplinar a estas fuerzas revolucionarias de la izquierda y a reforzar su poder, respaldado por una fuerte expectativa social. El voto Perón-Perón es un voto que saca mucho más de lo que sacó Cámpora. Perón saca el 62%, un porcentaje histórico. Esto también implica la reafirmación de las expectativas sociales de que él pueda ordenar el escenario.
Sin embargo, el escenario no se disciplina. Perón viene con la propuesta de un pacto social que nació ya condenado a fracasar por lo que te decía antes: las expectativas que se habían generado. En los sectores populares, sobre todo en el movimiento obrero —con mucha tradición combativa, que durante el exilio se había convertido en el refugio de la identidad peronista y en un actor político de alta gravitación— las expectativas desarrolladas eran inmensas. ¿Cómo las frenás? Por un lado, se había perdido una enorme cantidad de puntos en la distribución del ingreso comparado con el primer peronismo, y esto ahora se venía a reclamar. Por otro lado, los empresarios en Argentina fueron una clase bastante indisciplinada también frente al poder y que reclamaban históricamente el disciplinamiento de este movimiento obrero. Hay una constante a lo largo del siglo XX argentino que es disciplinar a este movimiento obrero que tiene altísimos niveles de organización, lo cual complica al capital.
Entonces tenemos, por un lado, esta imposibilidad de disciplinar económicamente al país en un contexto donde estalla además la crisis del capitalismo a nivel internacional. Esto implicará una reestructuración del modo de acumulación capitalista a escala global que también va a pasar en la Argentina. En principio traerá crisis y desabastecimiento, y luego el "trabajo sucio" lo hará la dictadura con la reestructuración del capitalismo y el fin de la Argentina industrial. Pero volvamos al año 73.
Esta declaración de guerra de la derecha peronista se empezó a manifestar muy prontamente. No son solamente asesinatos callejeros y políticos, también es el avance de medidas y de legislación de excepción o represivas que se empiezan a discutir en el Parlamento. En este delicado escenario, el ERP dice: "El gobierno nos va a reprimir, va a reprimir al pueblo, al movimiento obrero y a la guerrilla. Entonces tenemos que juntar armas para defendernos: ataquemos un cuartel". Atacan el cuartel de Azul en enero del 74. Efectivamente el gobierno reprime, porque eso es lo que hacen los gobiernos cuando se toma un cuartel. Y esto es un segundo punto de quiebre fundamental.
En principio porque Perón rápidamente sale en defensa de las Fuerzas Armadas y emite un radiograma al Ejército avisando que, para la paz de la República, hay que "aniquilar uno a uno al reducido grupo de psicópatas que andan sueltos". Esto es un guiño, una luz verde para las Fuerzas Armadas para lanzarse al combate antisubversivo o antiterrorista. Es decir, hay una palabra presidencial que legitima su accionar. En paralelo, Perón presiona y se aceleran los tiempos de la discusión en el Parlamento por dos leyes: una es la reforma de la Ley de Asociaciones Profesionales y la otra es la del Código Penal, que vuelve a instalar a los delitos políticos en clave de legislación represiva. Se restituye el paquete de leyes de la dictadura anterior que se había anulado en el 73. Vuelven los delitos políticos, las asociaciones ilícitas y, además, el gobierno comienza a desplegar una discursividad pública de "disciplinar dentro de la ley o fuera de la ley".
Todo esto responde a tu pregunta inicial de los antecedentes. Bueno, los antecedentes son varios años —por lo menos tres— donde se van estableciendo y solidificando cada vez más las condiciones de excepción de la legislación represiva. Paralelamente, no nos olvidemos que en diciembre del 73 aparece la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) liderada por José López Rega, quien era ministro de Bienestar Social desde mayo del 73 y del núcleo íntimo de Perón. El funcionamiento de la Triple A es el de una organización paraestatal: no es oficialmente estatal, pero funciona con recursos humanos y materiales del Estado. De hecho, el Ministerio de Bienestar Social es el búnker desde el cual opera. Esto ocurrió con Perón en vida; esto lo quiero aclarar porque es algo que a veces incomoda en la memoria peronista. El peronismo ha sufrido quizás la mayor cantidad de víctimas con la represión ilegal antes y después del 76, pero también ha aportado protagonistas y victimarios de esa represión, y Perón no es una figura menor en este escenario. Hay que decirlo porque es parte del contexto y de lo que lo hizo posible.
¿Qué pasa a partir de Azul? Primero, Perón convoca a los ocho diputados de la Juventud Peronista que respondían a la Tendencia Revolucionaria del peronismo. Los convoca y les dice algo así como que "al que no le gusta la camiseta, se la saca y se va". Esto implica la renuncia de los ocho diputados en el contexto de la votación por la reforma del Código Penal, por lo cual la izquierda pierde esas bancas en el Parlamento. También implica la renuncia de Oscar Bidegain, gobernador de la provincia de Buenos Aires y aliado de la Tendencia. Todo esto sucede tras el ataque de Azul, que acelera la derechización. Por eso digo que los diagnósticos del PRT en parte se vieron autoconfirmados y en parte fue una profecía autocumplida.
Entonces, esta derechización del peronismo también fue abonada por ciertas decisiones de las izquierdas que facilitaron el proceso. Tras las renuncias esos espacios institucionales también se pierden. Se vota y se reforma el Código Penal, por lo que la legislación represiva avanza. En paralelo, por distintas circunstancias, se van perdiendo una a una las provincias que eran aliadas de la Tendencia Revolucionaria. Es decir, que esta foto inicial del 25 de mayo del 73, que reunía al amplio espectro ideológico del peronismo, se va achicando hacia la derecha. Van cayendo de la foto los actores que representaban a la izquierda del peronismo.
Y en las calles esto implica el avance de la represión ilegal. En el caso del ERP, le cae buena parte de la represión legal (toman cuarteles y caen prisioneros), pero sufren todos el avance de los grupos de choque sindicales y de la Triple A, que tiene sus equivalentes en distintas zonas del país con redes organizadas. En este contexto, el ERP lleva adelante algo que tenía planificado desde su fundación: la instalación de un foco militar en la provincia de Tucumán, que abre en marzo del 74. O sea, el 74 es el comienzo del fin. Es el comienzo del fin con la Triple A, con el cuartel de Azul, la reforma del Código Penal, la represión interna del peronismo desatada y la pérdida de espacios institucionales de la Tendencia Revolucionaria. El ERP ya se ha ilegalizado.
Luego viene la ruptura definitiva entre Perón y Montoneros el 1 de mayo del 74. Era una ruptura que ya estaba caldeada desde hace varios meses, porque todo ese fogueo que Perón desde el exilio alimentó a derechas e izquierdas fue leído desde la Juventud Peronista como guiños de complicidad. Construyeron un Perón que estaba mucho más a la izquierda de lo que el propio líder estaba. Lo que implicó después una pulseada por disputarle la conducción del movimiento al propio Perón. Los resultados están a la vista y esta pulseada la pierde la izquierda. El debate interno versaba sobre si el peronismo tenía potencialidad revolucionaria o si Perón era el conductor de la guerra popular. Esa disputa terminó de cristalizar en mayo del 74. Las consignas en las plazas eran "Perón, Evita, la patria socialista" o "¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?". Y del otro lado: "Ni yanquis ni marxistas, peronistas".
El primero de mayo del 74, Perón se posiciona claramente del lado del peronismo tradicional y de la burocracia sindical. Esto implicó la ruptura formal. A los dos meses Perón muere, dejando a cargo a Isabel Perón. Esto implicó un desenfreno de la actividad represiva y un simbólico vacío de poder. Estos años son una fotografía imposible de fijar: es una película que pasa rápido y donde los acontecimientos vuelan. Lo más visible de todo eso son las protestas del movimiento obrero y la violencia política.
El Pacto Social naufraga. En septiembre del 74, Montoneros pasa de vuelta a la clandestinidad y retoma la lucha armada contra el gobierno de Isabel Perón. Ya para febrero del 75, Isabel firma el decreto del famoso Operativo Independencia, que autoriza a las Fuerzas Armadas a actuar en la provincia de Tucumán. Esto implicó un despliegue del Ejército en la zona de Tucumán donde la mayor cantidad de víctimas recayó sobre aquellos sectores que habían protagonizado la movilización política y social previa, más que sobre el ERP en sí. Y a la vez fue un plan de aniquilamiento de la guerrilla y de disciplinamiento social que incluyó la instalación de los primeros Centros Clandestinos de Detención. El primer antecedente inmediato de la particularidad del sistema represivo de la dictadura del 76 está ahí, en Tucumán.
Y ese año termina de estallar la crisis económica. Hay un movimiento obrero que pelea por paritarias y, cuando un ministro de Economía las autoriza, se desata una espiral inflacionaria. Se suceden los ministros de Economía creando un vacío de poder extraordinario. Al mismo tiempo, el nivel de combate material entre organizaciones revolucionarias, el Ejército, la Policía y las organizaciones paraestatales se desata. Ese es el contexto en el cual avanzan las voces golpistas; se va articulando la red de intereses a favor de una intervención militar que tiene dos objetivos fundamentales: el aniquilamiento de las organizaciones revolucionarias armadas y el disciplinamiento social, especialmente del movimiento obrero.
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