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[2026 - 5] La Memoria como hilo de continuidad

Actualizado: hace 4 días

Por Mery Lago - Estudiante de Psicopedagogía UNSAM. 


A 50 años de la última dictadura genocida, una reflexión necesaria sobre los hilos de continuidad en la construcción de los sujetos del presente, desde una perspectiva psicopedagógica.





¿A qué nos referimos cuando hablamos del día de la memoria? La memoria suele presentarse como un archivo de hechos consumados, una mirada hacia atrás sobre lo que "pasó". Desde una perspectiva psicopedagógica, recordar es una función viva y constitutiva del sujeto. No es un proceso biológico aislado, sino una función mediada por la cultura, como planteaba Lev Vygotsky: recordamos a través de las herramientas, los signos y los relatos que la sociedad nos provee. La construcción de la subjetividad está ligada a la historia que nos precede, un sujeto "aprende" a través de la interacción con su entorno.


Cuando este relato se fragmenta o se prohíbe, desde los espacios de poder, se afecta la posibilidad de lo que Alicia Fernández llamaba la "historización existencial". Para que un sujeto pueda ser "autor" de su propio pensamiento y de su propia vida, necesita reconocerse como parte de una historia.


La dictadura de 1976 en Argentina fue instaurada tras el golpe de Estado del 24 de marzo de ese año, encabezado por las Fuerzas Armadas. Este régimen militar, llevo adelante un genocidio, que tuvo como objetivo principal exterminar a la vanguardia obrera y juvenil para derrotar el ascenso revolucionario iniciado en 1969, que había tenido su punto de partida en el Cordobazo y otros levantamientos obreros y populares. Llevaba bajo su brazo la idea de instaurar un modelo de país con mayor dependencia al gobierno imperialista de Estados Unidos (Neoliberalismo y precarización), esto era completamente opuesto a la lucha que llevaba adelante la vanguardia obrera y estudiantil, la lucha por terminar con todo tipo de opresión y explotación.


La dictadura implementó un plan sistemático de represión que incluyó desapariciones, torturas, asesinatos y apropiación de bebés y niños, dejando 30.000 compañeros detenidos desaparecidos. Busco frenar las luchas sociales y políticas que se habían intensificado durante los años previos. Este proceso fue la culminación de una escalada represiva que ya se había iniciado durante los gobiernos anteriores, especialmente con la creación de la Triple A y el Operativo Independencia en Tucumán.


La subjetividad de la clase obrera de esos años estaba atravesada por una creciente tensión entre clases que llevó a procesos como el mayo Francés, donde obreros y estudiantes desafiaron el poder burgués. La clase en términos nacionales e internacionales, habían alcanzado niveles altos de conciencia de su lugar en la sociedad y la potencialidad que tiene para transformar lo establecido.

Sin embargo, este avance en la conciencia fue respondido con violencia. La dictadura cívico-militar-eclesiástica no sólo se propuso el aniquilamiento físico de la vanguardia obrera, sino una reconfiguración forzada de la subjetividad colectiva y la identidad de la clase. Para entender este proceso, resulta clave la tesis de León Trotsky: “En la vida cotidiana es donde se percibe mejor hasta qué punto el individuo es el producto y no el creador de sus condiciones de vida”.


Al alterar de raíz las condiciones materiales y sociales —mediante el terrorismo de Estado, el disciplinamiento fabril y la ruptura de los lazos solidarios—, la dictadura buscó que el trabajador dejara de sentirse "creador" de su historia para pasar a ser un "producto" de un entorno hostil y atomizado. Podemos leer esto como un intento de imponer una inercia del pasado por sobre la capacidad de invención del presente. La dictadura quiso que la acumulación de experiencias espontáneas ya no fuera la de la huelga o la asamblea, sino la del miedo y el "no te metas". Esta lógica fue sostenida por los gobiernos burgueses que vinieron luego.


Pero en el ejercicio de la memoria es donde podemos romper esa inercia. Se trata no solo de recordar, sino de traer al presente los "hilos de continuidad" de la organización obrera, que permite a los trabajadores de hoy no ser meros productos de la precarización actual, sino sujetos capaces de retomar aquella conciencia interrumpida. Recuperar la memoria de por qué luchaban en los 70 es devolverle al sujeto su capacidad de autoría.


El presente como terreno de disputa


Así como existe una necesidad de la clase trabajadora de re-apropiarse de su historia para poner en cuestión sus condiciones materiales de vida cada vez más afectadas como consecuencias del modelo económico que se implanto con el terrorismo de Estado; también la Burguesía necesita retomar sus narrativas negacionistas para profundizar el sometimiento de la clase en el marco de un megaendeudamiento con el FMI y un programa económico dirigido por el imperialismo Yankee.


Las campañas políticas de la ultraderecha en los procesos electorales del 2023 y 2025 se caracterizaron por narrativas que negaban los 30.000 desaparecidos, que relativizan la responsabilidad de las FFAA retomando la teoría de los dos demonios, incluso al borde de reivindicar el golpe militar. También hubo provocaciones al utilizar el “Nunca más” para polarizar con el kirchnerismo.


Pensar el presente como un terreno en disputa se puede analizar, entre otras formas, como una tensión constante entre la subjetividad que quiere implantar el poder económico y político y aquella resistencia activa que aún existe en sectores de la clase trabajadora. La primera es necesaria para poder llevar adelante los planes que tiene Trump para su patio trasero por ejemplo reforma laboral, previsional, de extracción y saqueo de los bienes comunes naturales, etc. Y la segunda se expresa en ejemplos donde se puede ver sectores de la clase trabajadora organizados retomando los mejores métodos de lucha que caracterizaron los años previos a la dictadura militar, como los trabajadores de FATE que se encuentran ocupando la planta frente al cierre extorsivo de Madanes quintanilla - empresario que se enriqueció por la estatización de su deuda privada durante la dictadura-.

Estas tensiones se dirimen en las calles donde podemos ver por ejemplo a los jubilados que se manifiestan cada miércoles en las puertas del congreso, frente al desprecio de sus salarios y la quita de derechos básicos como el acceso a medicamentos. Dicho sea de paso son ellos quienes eran los jóvenes que luchaban en los 70, si hablamos de hilos de continuidad vivos hablamos de su fortaleza para seguir peleando en el presente. Del mismo modo, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo representan un hilo de continuidad vital, sosteniendo la pelea por la identidad y la restitución de los nietos apropiados.


Esta persistencia se refleja también en el movimiento de mujeres y diversidades, que desborda las calles cada vez que el gobierno intenta avanzar sobre sus derechos. Y en un ejemplo más cercano para quienes habitamos la universidad pública: las masivas movilizaciones, asambleas y tomas de 2024 en defensa del presupuesto universitario. Una disputa que sigue abierta frente a la negativa del gobierno de reconocer la emergencia presupuestaria.


Una memoria para transformar


Ejercer memoria hoy es un acto de resistencia. Recordamos porque queremos herramientas para transformar el presente. La memoria está completa cuando se recuerda a las generaciones de los 70 no sólo como víctimas de la dictadura, sino como sujetos que pelearon por cambiar este sistema de raíz. De esta forma el ejercicio de recordar no es una mera historización, sino la base para la organización.

 
 
 

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