Reseña. “La dictadura del capital financiero” de Bruno Napoli: Anatomia economica de un genocidio de clase
- Tesis XI - UNGS

- hace 4 días
- 7 Min. de lectura

Por Sebastian Romero y Gabriel Alt - Estudiantes de Historia UNGS (Universidad Nacional de Gral. Sarmiento).
Publicado originalmente en 2014 y reescrito en 2025, con el fin de que el libro llegue a un público más amplio, La dictadura del capital financiero del historiador Bruno Napoli constituye un aporte para comprender la última dictadura argentina desde una dimensión muchas veces relegada en los abordajes más difundidos: el papel del sistema financiero. A casi cinco décadas del golpe del 24 de marzo de 1976, su investigación permite enfocar no solo los mecanismos económicos que acompañaron al terrorismo de Estado, sino también las continuidades estructurales que llegan hasta el presente.
Anticipamos al lector, que esta reseña se hace desde una perspectiva: que el genocidio fue una respuesta de clase frente a un proceso de radicalización obrera y popular que había puesto en cuestión las bases del orden social existente. Leída en este marco, la investigación de Napoli no solo aporta en cuanto a una transformación económica, sino que también brinda elementos concretos para comprender su carácter histórico y político.
Uno de los principales méritos del libro es abordar un terreno escasamente trabajado tanto en la enseñanza escolar como en buena parte del ámbito universitario: el funcionamiento del sistema financiero, durante la dictadura y su vínculo con el endeudamiento estatal. Napoli centra su análisis en la Comisión Nacional de Valores (CNV), un organismo clave para entender la articulación entre el Estado, el capital financiero y distintos grupos empresariales. A partir de un trabajo riguroso con fuentes documentales, reconstruye cómo se configuró una estructura institucional que facilitó la valorización financiera y la transferencia sistemática de recursos desde el sector público hacia grandes conglomerados económicos.
El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno de María Estela Martínez de Perón e instauraron una dictadura que contó con el apoyo de importantes sectores empresariales, financieros y eclesiásticos. El golpe buscó poner fin a un período marcado por una fuerte conflictividad social y por el ascenso de la lucha obrera y estudiantil. El año previo había estado atravesado por el Rodrigazo de 1975, un brutal plan de ajuste que provocó una respuesta masiva de la clase trabajadora mediante huelgas y movilizaciones que en muchos casos desbordaron a la propia burocracia sindical. En este marco, amplios sectores de la burguesía recurrieron al golpe militar como una salida estratégica frente a un escenario que amenazaba sus condiciones de dominación. El terrorismo de Estado no fue un fenómeno autónomo ni un exceso represivo, sino una herramienta para derrotar a una vanguardia social y política que cuestionaba el orden capitalista. La dictadura desplegó un plan sistemático de represión contra militantes políticos, sindicales y sociales, y al mismo tiempo impulsó una profunda transformación del modelo económico. Bajo la conducción del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, se promovió la liberalización financiera, la apertura económica y una fuerte transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los grandes grupos empresarios y financieros.
Es precisamente en este punto donde el aporte de Napoli adquiere una relevancia particular. Su investigación permite precisar materialmente cómo esa ofensiva de clase se tradujo en una reconfiguración concreta del sistema financiero. Bajo la conducción del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, la dictadura impulsó la liberalización financiera, la apertura económica y una profunda redistribución regresiva del ingreso. Estas políticas no solo beneficiaron a grandes grupos económicos, sino que sentaron las bases de un nuevo patrón de acumulación centrado en la especulación y el endeudamiento.
En este entramado, la Comisión Nacional de Valores ocupó un lugar central. Lejos de ser un organismo técnico neutral, la CNV funcionó como una pieza clave en la articulación entre el Estado y el capital financiero. Napoli reconstruye su origen, señalando cómo sus bases se consolidaron durante la dictadura de Juan Carlos Onganía en 1968, en un contexto internacional marcado por el avance de la financiarización. Este proceso no fue meramente local, sino que se inscribió en transformaciones más amplias del capitalismo a nivel global. Algo importante para remarcar son los roles que juegan los entramados familiares, los cuales se tejen dentro de este Organismo, comenzando, por ejemplo, por el ex Secretario de Justicia Conrado Etchevarne, el cual a través de la Ley de Oferta Pública (17.811) le dió “el carácter de “Nacional” y “poder de policía” en todo el país” (Napoli (2025) “La dictadura del capital financiero”, Buenos Aires, Red Editorial, Pág. 9) a la Comisión de Valores, es decir, esta ley es la creadora de la CNV.
Uno de los principales aportes del libro es situar la dictadura de 1976 en el marco del ciclo de luchas abierto por el Cordobazo de 1969. Lejos de tratarse únicamente de un régimen de terror dirigido contra una generación militante, el golpe fue una respuesta de las clases dominantes frente al ascenso obrero y estudiantil que, durante los años setenta, había puesto en cuestión el orden social existente. En ese contexto, la represión sistemática contra delegados, activistas sindicales y militantes políticos se combinó con una profunda reestructuración económica orientada a fortalecer al capital financiero. La liberalización del sistema financiero, junto con mecanismos como la estatización de deudas privadas, formó parte de una estrategia más amplia destinada a disciplinar al movimiento obrero y recomponer el poder de los grandes grupos económicos.
Por otra parte, cabe resaltar el primer capítulo, titulado “La familia”, donde el autor revela una serie de nombres de muchas figuras políticas que estuvieron activos políticamente durante la dictadura o que se iniciaron en partidos que tenían una relación muy estrecha con militares y que hoy en día continúan teniendo cargos o recientemente tuvieron como: Federico Sturzenegger, Alberto Fernandez, Ricardo López Murphy, Domingo Cavallo, Guillermo Francos, Patricia Bullrich, entre tantas otras. Y a esto hay que sumarle la estrecha relación que existe con empresas renombradas, como Longvie y Acindar, las cuales tienen gran injerencia dentro del Estado, debido a que gran parte de estos políticos, como nombramos anteriormente, van y vuelven del sector público al privado, sin ningún límite. Napoli intenta mostrar así las continuidades entre distintas generaciones de funcionarios y economistas vinculados al sistema financiero. Es por esta razón que lo catalogamos al libro como un “manual”, ya que no es una pieza histórica para leerla en modo contemplativo antes de irse a dormir, sino todo lo contrario, es un trabajo el cual se debe leer con un cuaderno y una lapicera en mano para marcar todos los datos que enumera Napoli.
Estas continuidades no deben ser interpretadas únicamente como la permanencia de ciertos individuos o instituciones, sino como la expresión de una transformación estructural más profunda. Procesos como la estatización de la deuda privada en 1982, que trasladó al Estado las obligaciones de grandes empresas, o los paquetes de leyes que permitieron conformar la legalización de la fuga de capitales o la toma de deuda por el BCRA (por ejemplo la Ley Entidades Financieras [21.526] o la Ley Descentralización de Depósitos [21.495]), así consolidaron un esquema de acumulación que sigue teniendo efectos en el presente.
Un caso paradigmático para pensar estas continuidades es el del Grupo Techint, uno de los conglomerados industriales más importantes del país. Durante los años setenta, empresas del sector siderúrgico vinculadas al grupo estuvieron insertas en conflictos obreros como el de Villa Constitución, donde la represión estatal y paraestatal se dirigió contra delegados y activistas sindicales. En el mismo sentido podemos tomar como ejemplo a la empresa Acindar, uno de los actores centrales del sector siderúrgico. Durante los años setenta, la compañía estuvo directamente vinculada a los conflictos obreros de Villa Constitución, en el marco del Villazo, cuya represión se inició bajo el gobierno de Isabel Perón en 1975 y luego se profundizó con la dictadura militar, dirigiéndose contra delegados y activistas sindicales. La empresa no solo se benefició de ese proceso represivo sino que además mantuvo estrechos vínculos con funcionarios clave del período, como José Alfredo Martínez de Hoz, quien había sido parte de su directorio antes de asumir como ministro de Economía de la dictadura. A esto se suma la articulación con organismos estatales y regulatorios, lo que permite observar con mayor claridad cómo se entrelazaron intereses empresariales y políticas públicas en la consolidación de un modelo económico que, con distintas mediaciones, continúa proyectándose hasta el presente.
A su vez, durante la última dictadura y los primeros años de la transición democrática, muchos grandes grupos económicos se beneficiaron con la estatización de deuda privada impulsada desde el Banco Central en 1982, un mecanismo que trasladó al Estado obligaciones financieras de empresas privadas. Este proceso fue una de las bases de la posterior consolidación de grandes fortunas empresariales en el país.
Décadas después, el grupo liderado por Paolo Rocca continúa siendo uno de los actores centrales de la economía argentina, con fuerte presencia en el sector energético y en el complejo industrial vinculado al petróleo y al acero. Este tipo de trayectorias empresariales muestra hasta qué punto las transformaciones económicas impulsadas durante la dictadura continúan proyectándose sobre el presente.
Ahora bien, si el trabajo de Napoli resulta fundamental para comprender los mecanismos económicos de este proceso, su análisis tiende a privilegiar una mirada centrada en las estructuras y los actores “desde arriba”. Complementarlo con una perspectiva que recupere el lugar de la lucha de clases permite entender no solo quiénes se beneficiaron con estas políticas, sino también contra quiénes fueron aplicadas y por qué requirieron un nivel de violencia estatal de carácter genocida.
El libro de Bruno Napoli adquiere un sentido que va más allá de la reconstrucción del pasado. Su análisis permite identificar con mayor precisión cómo operaron los sectores económicos que impulsaron y se beneficiaron con el golpe, pero también ayuda a entender por qué muchas de esas estructuras siguen vigentes. No se trata sólo de señalar responsabilidades históricas, sino de reconocer continuidades que todavía organizan buena parte de la vida económica y política del país.
En este sentido, observar conflictos actuales permite dimensionar hasta qué punto estas dinámicas siguen vigentes. El caso de FATE, empresa conducida por Javier Madanes Quintanilla, muestra cómo las tensiones entre grandes grupos empresarios y la organización obrera continúan siendo un elemento estructural. Cuando aparece la posibilidad de una reducción en sus ganancias millonarias, estos mismos sectores no dudan en avanzar con despidos. Frente a esto, los trabajadores se encuentran hoy protagonizando una lucha de enorme importancia, sosteniendo la permanencia en las instalaciones tras el cierre en defensa de sus puestos de trabajo.
En definitiva, La dictadura del capital financiero ofrece una herramienta clave para comprender la dimensión económica del terrorismo de Estado sin separarla de su contenido social y político. Leído desde una perspectiva que ponga en el centro la lucha de clases el libro permite ver con mayor claridad que el genocidio no fue un hecho aislado ni irracional. Entender esa relación entre represión y economía no solo ilumina el pasado: también plantea preguntas incómodas sobre el presente y los límites que aún persisten para transformarlo.





Comentarios