A 50 años del golpe: Tres generaciones y un mismo hilo rojo
- Tesis XI - UNGS

- hace 4 días
- 8 Min. de lectura
Actualizado: hace 3 días
Por Jeremias Ivan - Comunicación UNGS.

A medio siglo del golpe, las luchas obreras y estudiantiles no quedaron en el pasado. La historia de una familia que muestra cómo esos hilos de continuidad siguen presentes en las nuevas generaciones.
El golpe de estado de 1976 tuvo como objetivo principal barrer con una generación de trabajadores y estudiantes que fue parte del ascenso revolucionario iniciado en el cordobazo y que tuvo su punto más alto por las experiencias de las coordinadoras en 1975. De esta manera las clases dominantes buscaron imponer un plan económico, político y social al servicio de los grandes empresarios y el imperialismo.
Esta nota se propone retomar algunos de los hilos de continuidad que existen entre aquella generación y la actual. Para eso tomamos como ejemplo la historia de Carlos, delegado del Astillero Astarsa en los 70; su hijo Alejandro, trabajador despedido de PepsiCo en el año 2017 y su nieto Bruno, militante secundario del No Pasarán que actualmente forma parte de la conducción del Centro de Estudiantes del Nacional de San Isidro (CENSI).
Astarsa: organización desde abajo y unidad obrero-estudiantil
En los años setenta, en Tigre no era solo un lugar de lanchas y recreos como el que muchas veces se lo quiere representar, sino que también era un territorio de un gran concentramiento industrial en el que funcionaban talleres, fábricas y astilleros en el que miles de obreros trabajan en distintos turnos. El ruido del metal, el humo y el movimiento de trabajadores formaba parte del paisaje de la zona norte.
Uno de esos lugares era el Astilleros Argentinos Río de La Plata S.A. (ASTARSA) ubicado sobre el Río Luján con un predio de más de 40 hectáreas. En Astarsa se dio una de las experiencias de organización más importante de la zona norte. En ese astillero trabajó Carlitos que era un importante activista en un lugar donde las asambleas, la organización colectiva y las discusiones política formaban parte de la vida cotidiana de los trabajadores.
Según relata el libro Insurgencia Obrera en la Argentina 1969-1976 Los astilleros Astarsa contaban con 900 trabajadores divididos en dos partes: en la parte metalúrgica había 400 trabajadores y en el sector naval alrededor de 500 obreros. Por lo tanto, había dos sindicatos y dos convenios gremiales. Sin embargo, la seguridad de todos los trabajadores quedaba en manos de la patronal que además entre 1971 y 1972 tenía una clara política antisindical que incluyó el despido de unos sesenta activistas.
En el documental Memoria para reincidentes los trabajadores recuerdan que la desidia patronal hacía que un trabajador deje su vida en cada barco. Esta situación fue el detonante para uno de los conflictos más importantes de la zona norte en esos años. Entre junio y julio de 1973 Los trabajadores de Astarsa protagonizaron una lucha emblemática
Carlitos recuerda que todo comenzó dos días antes que asumiera el gobierno de Cámpora, hubo un grave accidente en el astillero en el que resultó herido el trabajador Jose Maria Alessio. Frente a esta situación, los obreros navales se reunieron y definieron el paro por tiempo indeterminado.
los metalúrgicos también realizaron una asamblea para discutir la solidaridad con los navales, pero la conducción de la UOM de Vicente López, dirigida por el dirigente peronista Gregorio Minguito, sostuvo que “los metalúrgicos no tenemos nada que ver con los navales y en un debate acalorado la burocracia logra imponer su postura por 14 votos.
Sin embargo, la bronca no pudo contenerse. Cuando los trabajadores se enteraron de que el obrero Alessio había fallecido, la situación cambió radicalmente. “se decide la toma de la fábrica con los directivos de la empresa como rehenes y que en el principio la reivindicación era que ya no existiera la comisión de seguridad e higiene de la patronal y que el control se hiciera por medio de los propios trabajadores, pero en el transcurso de la toma se fueron agregando más reivindicaciones”, recuerda Carlos.
Con el desarrollo de la lucha se avanzó en una unidad entre los obreros de los distintos sectores y no hubo burócratas que puedan impedir que los metalúrgicos se sumen a la toma. Entonces, se conformó un Comité de ocupación en forma paritaria entre navales y metalúrgicos que desarrolló un programa de 5 puntos:
Destitución del cuerpo de seguridad
control obrero de la seguridad del taller
reincorporación de todos los despedidos
pago de los salarios caídos por el conflicto
compromiso patronal de no tomar ningún tipo de represalia
Finalmente, en una reunión convocada por Oscar Bidegain, gobernador de la provincia de Buenos Aires, terminó aceptando los 5 puntos que exigían los trabajadores de Astarsa. La experiencia de la comisión de Seguridad e higiene obrera funcionó desde el año 73 al 76.
Carlitos transmite la importancia de la unidad obrero estudiantil: “Para la conformación de la comisión de seguridad fuimos asesorados por el decanato de la facultad de medicina y la Universidad de Tecnología Nacional”.
Un ejemplo muy importante fue que en el año 1974 el Instituto de Medicina del Trabajo (IMT) de la Facultad de Medicina de la UBA en coordinación con los obreros publicaron el documento "Manual de Medicina del Trabajo para Trabajadores" una forma de pensar como el conocimiento y la salud puede estar al servicio del pueblo trabajador.
Astarsa también fue una de las experiencias más importantes en poner en pie la coordinadora de zona norte junto a otros delegados combativos como los que había en Del Carlo, Tensa, Editorial Abril, Ford, Squibb entre otras. La dictadura que llevó adelante un genocidio de clase tuvo a Astarsa como uno de sus objetivos centrales de represión, ya que en el astillero funcionó´el centro de detención “La Anguilera”y el mismo 24 de marzo de 1976 fueron detenidos sesenta obreros en el acceso a la planta de los que dieciocho permanecen desaparecidos.
La dictadura intentó borrar esa experiencia con represión y desapariciones. Sin embargo, las luchas de los obreros de Astarsa dejaron una huella en la historia del movimiento obrero como una tradición de organización desde abajo y coordinación con los distintos sectores.
PepsiCo y el ADN de la resistencia obrera
Hubo un día que Carlitos le cuenta a su hijo, Alejandro, que junto a su madre tuvieron que esconderse para salvarse del terrorismo de estado aplicado por la dictadura. Alejandro ahi descubre como llevaba la militancia obrera en la sangre, no solo porque su padre fue activista de Astarsa en los 70, sino que también por parte de su familia materna en la que su abuelo fue obrero del Partido Comunista y su bisabuelo un anarquista trabajador ferroviario.
El 2001 es un año recordado porque hubo una de las crisis más importantes de nuestro país signada por la altísima pobreza, desocupación, aumento de la precarización laboral y con una deuda externa impagable, pero el pueblo respondió en la historicas jornada del 19 y 20 de diciembre haciendo que tenga que irse en helicóptero y renunciar el presidente De la Rúa.
Ese mismo año, Alejandro ingresó a trabajar en la fábrica de PepsiCo, ahí empieza a ver la continuidad con los problemas que tambien tenian los trabajadores en Astarsa, por ejemplo como buscaba avanzar la patronal para profundizar la precarización de la vida de los obreros con los turnos americanos o el problema de las enfermedades laborales. Esto hizo que tenga un cambio en su conciencia cuando empieza a conocer a militantes del PTS: “En PepsiCo descubrí el poder de la clase obrera. Empecé a ver que nadie te va a solucionar tus demandas y que te tenés que organizar y luchar por ellas”.
Un poco más de 50 años más tarde que la toma del astillero Astarsa, Alejandro junto a su compañeros de trabajo protagonizaron una lucha emblematica tomando la planta de PepsiCo ubicada en Florida. Esto nos recuerda mucho a lo que hoy está pasando en FATE, en ese momento los trabajadores también se enteraron por medio de un cartelito en los portones de la fábrica que la planta cerraba dejando 600 familias en la calle.
Los obreros de PepsiCo al igual que en Astarsa tomaron la planta durante casi un mes que fue una pelea que contó con gran apoyo de la sociedad y en particular del barrio. En el techo de la fábrica los obreros eran un ejemplo de resistencia y colgaron una bandera que decía Si no hay pan para nuestros hijos que no haya paz para los empresarios.
El 13 de julio de 2017 fueron brutalmente desalojados, sin embargo la pelea continuó haciendo una marcha de 20.000 mil personas junto a estudiantes y organizaciones solidarias mostrando la unidad de los distintos sectores y después de esa marcha instalaron una carpa en el Congreso. No se logró la reapertura de la fábrica, pero fue emblemática porque mostró una forma de como enfrentar los planes de la derecha y los grandes empresarios frenando la reforma laboral que quería pasar Mauricio Macri con complicidad de la CGT y PepsiCo fue la antesala de las jornadas de 14 y 18 de diciembre de 2017.
Alejandro habla sobre el hilo de continuidad entre su experiencia y la de su padre: “La experiencia de mi viejo me marcó que mañana la patronal se va a amar con el Estado para quitarte lo que hoy conseguiste. El objetivo de luchar por un sistema social justo, sin clases, ya no es una utopía como lo veía antes, sino algo posible por lo que vale la pena luchar”.
Las nuevas generaciones que no se resignan
Después del triunfo de Javier Milei, se buscó desde distintos medios de comunicación y editoriales la idea de que la juventud había dejado de ser rebelde y se había vuelto de derecha, Sin embargo, esa imagen chocó rápidamente con la realidad.
El 23 de abril de 2024 hubo una movilización histórica con un millón de personas que salieron a las calles en defensa de la universidad pública y de los trabajadores, estas escenas empiezan a multiplicarse en escuelas secundarias y facultades donde la juventud lejos de resignarse, se organiza para resistir a los planes de ajuste del gobierno, sus cómplices y el FMI.
Como afirma Rodolfo Walsh las clases dominantes procuraban que los trabajadores no tengamos historia para que cada lucha arranque desde cero, pero hay hilos de continuidad que la dictadura no pudo borrar de un sector de la juventud que retoma los mejores métodos de la juventud de los setenta como las asambleas, la movilización y la toma de secundarios y universidades.
Bruno, nieto de Carlitos e hijo de Alejandro, forma parte de esta generación. Es estudiante secundario y vicepresidente del Centro de Estudiantes de San Isidro (Censi), en las aulas, las asambleas y en las calles recupera el legado de la experiencia militante en su familia.
En su historia personal, se ve como a tres generaciones distintas de su familia los une el hilo rojo de la resistencia. Nieto de un delegado obrero en los años setenta e hijo de un trabajador que enfrentó el cierre de una fábrica multinacional. Quizás no conoció directamente estas peleas, pero hoy están presentes en su experiencia de organización.
”A mi particularmente la sensibilidad de la unidad obrero estudiantil es algo que me viene fácil porque mi viejo estuvo en Pepsico”, decía Bruno en la puerta de Georgalos retomando la mejor tradición de la juventud del cordobazo que se unía a los trabajadores.
También en una intervención que realizó el 6 de diciembre del año pasado en la mesa de coordinación de zona norte que participaron los sectores combativos recuperando el legado de la militancia revolucionario: “Yo tuve a mi abuelo que militó en Astarsa y que tuvo que irse por culpa de la dictadura y que tiene compañeros desaparecidos” y agregó que “hay que recuperar el espíritu combativo que tenían los jóvenes en los setenta, en busca de un mundo mejor de un sistema distinto y queremos demostrar que la juventud no es de derecha y se organiza junto a los trabajadores y en contra del genocidio del Estado de Israel”.
Retomar los hilos de continuidad contra el individualismo
A cincuenta años del golpe de 1976 la historia de esta familia demuestra que la dictadura cívico, eclesiástica, militar no pudo cortar los hilos de continuidad que conectan estudiantes y trabajadores.
Desde la experiencia de Astarsa que se organizaron por mejores condiciones de trabajo porque las ganancias de los empresarios no valen más que nuestras vidas, PepsiCo que tomó la fábrica en defensa de los puestos de trabajo y que fue una lucha emblemática para frenar la reforma laboral. Hoy en tiempo que nos dicen que uno se puede salvar solo, la juventud retoma esta experiencias por una salida colectiva, uniéndose a los trabajadores en lucha y levantando las banderas de los 30.000 contra el imperialismo y para cambiar de raíz esta sociedad.





Comentarios