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[2026 - 5] Memoria Para Reincidentes : historias y peleas del pasado y el futuro

Actualizado: hace 4 días

Por Richard Leguiza- Estudiante de Comunicación UNSAM. 




La Zona Norte del Gran Buenos Aires fue uno de los principales blancos del golpe de estado genocida de 1976, ya que al tratarse del principal cordón industrial del país concentraba a gran parte de la vanguardia obrera de los 70. La zona IV, dentro de la división territorial y organizativa que definió la dictadura militar, comprendía los partidos de General San Martín, Pilar, San Fernando, Tigre, Tres de Febrero, Vicente López y Zárate, y tenía su centro de operaciones en Campo de Mayo. El partido de San Martín en particular está marcado fuertemente por los crímenes de los genocidas, conocido como capital nacional de la PYME industrial, se inscribe dentro del primer cordón del conurbano.


Según datos recopilados por organismos de derechos humanos locales y el municipio, al menos 300 personas fueron desaparecidas en las calles de nuestros barrios. El 5 de noviembre de 1976, el “Tano” Accrescimbeni iba a cursar a la escuela secundaria Técnica N 4 cuando fue secuestrado por los militares en la intersección de Ruta 8 y Pueyrredón. En 2012, sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en Magdalena, Provincia de Buenos Aires a 125 kilómetros de San Martín. Era militante secundario, tenía solo 17 años. Hugo Rubén Flores fue secuestrado el 21 de abril de 1977 en su domicilio de la calle French al 1000 a pocas cuadras de donde 15 años después, en 1992,se emplazaría la UNSAM, tenía 24 años. En 2009 el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó sus restos, que habían sido enterrados como NN, en el cementerio municipal de Merlo. Como estas, cientos de historias de obreros, estudiantes, vecinos de la zona refuerzan todos los días la exigencia de memoria, verdad y justicia.


Milic Jovanovich


La Universidad Nacional de San Martín se erige como un coloso entre las vías del ferrocarril Mitre, la Avenida General Paz y varias Pymes que le dan al municipio su célebre estatus de capital industrial del país. Sus pasillos, plagados de historias de conflictos, asambleas, cursadas y exámenes también enmarcan historias de estudiantes familiares de detenidos desaparecidos.


Tunja Milic Jovanovich nació en la ex Yugoslavia en 1927, casi 100 años después Lourdes, su sobrina nieta recorre las calles de San Martín para ir a laburar y los pasillos de la UNSAM para cursar el primer año de Sociología en la Escuela de Altos Estudios Sociales dependiente de la universidad. “Me enteré que tenía familiares desaparecidos cuando tenía 19 años. [...] al principio no le ponía el peso que tiene. Fue impactante, recién luego de 4 años puedo asimilarlo y entender lo que significa profundamente”.


Tunja fue secuestrado de su domicilio de Boulogne, San Isidro, el 01 de septiembre de 1976. “Es el tío de mi Mamá, fue detenido junto a su esposa Yolanda Barria y el hijo Guillermo David Mallada 14 años (solo hijo de ella). Ambos adultos militaban en Montoneros mientras que Guillermo era estudiante secundario. Hasta el día de hoy Tunja y Yolanda siguen sin aparecer y Guillermo fue identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en 2012. Sus restos fueron exhumados en el Cementerio de General Lavalle, Bs As y fue parte de los vuelos de la muerte.”


La historia de Lourdes es parte de su pasado familiar pero también, sin dudas, de su presente. “Me parece importante que se siga hablando porque hay toda una juventud que fue desaparecida y torturada de las peores formas. Hoy puedo decir que conozco a mi familia gracias a la tradición de seguir conmemorando. Y el hecho de seguir haciéndolo es para que nunca más se repita, que no sea un número más y que ellos los que deciden quien puede opinar, organizarse o luchar entiendan que no tienen el derecho de hacerlo. La dictadura no solo desapareció cuerpos, intentó desaparecer historias y formas de pensar. Pero la memoria encontró la forma de quedarse”.


Barroso


Paloma tiene 23 años vive en Hurlingham y cursa comunicación en la Escuela de Humanidades de la UNSAM. “[...] Me enamoré de todas las carreras pero solo podía elegir una en ese momento, así que la que más me llamó la atención fue Comunicación. Licenciatura en los Estudios de la Comunicación, tiene un nombre llamativo. Me anoté y desde ese momento encontré algo que me gustaba mucho: encontrar un lugar artístico y un lugar de desafío que me interesaba explorar…”



Cuando tenía 9 años, en el velorio de su abuelo materno, Paloma por curiosidad, le preguntó a su Papá por su otro abuelo. “En ese momento entré un poco en crisis. Me quedé sin abuelos ¿Qué pasó?. A partir de ahí se abrió un montón de historia de la familia de mi papá que hasta el día de hoy se sigue transformando; tengo la bendición de que mis tíos están vivos, mi papá también está. Ahora tengo primos y mi abuela hace poco falleció, pero ella estaba viva y la conocí, la pude conocer. Creo que hay muchas familias de desaparecidos que no pueden decir lo mismo, que no tienen una familia con la que charlar o que les cuente qué es lo que vivieron”. “Con las campañas para donar sangre, para reconocer a los familiares desaparecidos, empieza a haber más movilización en la familia y es a partir de esos momentos que empezamos a movilizar”.


“Entonces, movilizo los 24 de marzo desde chica, desde los 10 años aproximadamente. Desde que empiezo a preguntar un poco más por mi abuelo, a entender y dimensionar un poco más esa ausencia, se movilizó más mi familia y empezamos a marchar con la compañía de un montón de otros familiares”.


Juan Carlos Barroso o “Pestaña”, nació en Luján, el 25 de octubre de 1941, comenzó a trabajar desde muy chico, con solo 8 años. “Conoció a mi abuela militando en la Juventud Obrera Católica. Más adelante conoció a uno de los fundadores de Montoneros. Y después de conocerlo, empezó a militar más; militó en la Juventud Trabajadora Peronista y también en Montoneros, trabajó en la fábrica La Cantábrica, en Haedo. Se tomaba siempre en el colectivo 52, Luján-Once, 'La Lujanera'. A veces, cuando salía de la fábrica en vez de volver directo en colectivo se iba a la estación de Morón y tomaba el tren a Chivilcoy para hacer militancia allá”.



La Cantábrica fue una empresa metalúrgica ubicada en Morón que los años 70 llegó a emplear a más de 3000 obreros, “Pestaña” era uno de ellos Fue detenido el 29 de septiembre de 1976. "Mi abuelo tenía 34 años cuando lo arrancaron de su casa. Mi papá tenía 11, mi otro tío tenía 10 y el más chico tenía 5 años". “Entraron con armas a buscarlo, revolvieron toda la casa y mi abuela estaba con él., con mi tío más chico, fueron todos amenazados [..]. Cuando se llevaron a mi abuelo, por ser gremialista, de la metalúrgica, no lo volvieron a ver nunca más”. En 1980 mientras se mantenía la resistencia obrera fueron tomadas varias fábricas, entre ellas, La Cantábrica. El 7 de noviembre de 1981 en una movilización convocada por la CGT , miles de obreros coreaban consignas contra la dictadura y reclamaban por sus compañeros desaparecidos.


“Le decían 'Pestaña' porque era flaco, flaco, flaco…”. “Pestaña”, continúa desaparecido. “Es muy importante seguir hablando de los 70, es más importante todavía que se reivindique la historia de esas personas que dieron su vida; quizás no de manera voluntaria, pero sabían lo que hacían, estaban dispuestos a luchar con su propio cuerpo por lo que creían que era la mejor opción de país, ¿no?, intentar construir algo y evitar que... retroceder, No retroceder en los derechos adquiridos, los derechos laborales, los derechos de los estudiantes, la libertad de... de la posibilidad de acceder a la educación gratuita, de calidad, en la universidad”.


Artigas Moyano


“Soy nieta de María Asunción Artigas y Alfredo Moyano, ambos desaparecidos en el 77´. Ellos eran anarquistas, y de hecho así se conocieron, militando en Uruguay. Para mi abuela la militancia era su ámbito natural, todos sus hermanos militaban y además su padre fue delegado de la refinería de La Teja, es un orgullo para mí venir de esa tradición”, dice Valentina, de 23 años, estudiante de Ingeniería en Transporte en la Escuela de Hábitat y Sostenibilidad de la UNSAM. “Mi familia fue muy perseguida en Uruguay, todos los hermanos de mi abuela fueron presos políticos. Todas las semanas, contaba mi bisabuela, “venían en el Falcon verde a llevarse a un hijo distinto”. Tiempo después mis abuelos se vinieron a Argentina a buscar refugio, y acá los chuparon. Por eso es tan importante remarcar lo que fue el Plan Condor, porque el genocidio fue algo orquestado en todo America Latina, y con EEUU a la cabeza”.



Victoria Moyano Artigas, militante política y por los derechos humanos de larga data, nació el 25 de agosto de 1978 en el Centro Clandestino de Detención Pozo de Banfield, es nieta restituida por Abuelas de Plaza de Mayo después de la apropiación por parte de un Comisario de Brigadas de San Justo. María Asunción y Alfredo, padres de Victoria y abuelos de Valentina continúan desaparecidos. Valentina afirma, “Yo siempre supe la historia de mi familia, mi mamá ya militaba cuando nací, siendo querellante en los juicios de lesa humanidad y acompañando innumerables luchas en las calles, y ella siempre quiso que yo supiera la verdad de lo que había pasado. Siempre fuimos a las marchas por los 24 de marzo, y recuerdo cuando empecé a tener conciencia de lo que significaba la palabra “desaparecido”, me lo explicaron mientras gritábamos 30 MIL COMPAÑEROS DETENIDOS DESAPARECIDOS ¡PRESENTES!. Cuando era adolescente, el movimiento feminista y estudiantil me atravesaron de lleno, porque veía que los jóvenes podíamos jugar un rol muy clave en la sociedad, ahí entendí que yo también tenía que militar”.


“La visibilidad que generábamos era muy necesaria para fortalecer cada lucha, por eso decidí no solo militar en el movimiento de DDHH y feminista, sino que empecé a pensar que había que romper con algo más profundo, había que romper con la desigualdad de este sistema. Esa idea se metió en mi cabeza y no pude no seguir militando por un mundo distinto, como me había enseñado la historia de mis abuelos y la lucha que dieron las madres y abuelas. Si ellos no tuvieron miedo y salieron a luchar igual, nosotros no podemos tenerlo. Por eso creo que es tan importante marchar este 24 de marzo, y hacerlo de manera independiente. Porque siguen habiendo cómplices que hacen que sigamos viviendo en un sistema desigual e irracional, que condena a los pobres, y que hace que del otro lado del mundo haya niños que sufren guerras y genocidios (hoy también orquestados por Estados Unidos) como en Palestina. Porque tenemos un gobierno que quiere negar nuestra historia, y que tiene los mismos intereses que tenían los milicos en la dictadura: empobrecernos y reprimirnos para que no nos quejemos”.



“Nosotros no podemos ser la generación que mire para otro lado, no podemos resignarnos, tenemos que ser miles quienes nos organicemos y salgamos a las calles. Y tiene que ser con los trabajadores, que siempre son los primeros en resistir los ataques de los gobiernos, como los de FATE. El mejor homenaje que le puedo hacer hoy a mis abuelos, es seguir su legado, y pelear contra todos los ataques y atropellos a los DDHH que este gobierno y los empresarios quieren imponer. El 24 de marzo nos vemos en las calles”.


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Los murales descascarados y la luz fría de las calles de San Martín no solo conviven con los ventanales modernos y edificios futuristas de la UNSAM sino que comparten un hilo de continuidad de historia, de memoria, de resistencia. Porque son las banderas de los 30000 detenidos desaparecidos las que seguimos levantando hoy, las banderas de aquellos que dejaron su vida por un futuro y una vida que merezca ser vivida.


 
 
 

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